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El Arroyo by Eliseo Reclus



E >> Eliseo Reclus >> El Arroyo

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ELISEO RECLUS


EL ARROYO




#El ARROYO#


Eliseo Reclus




Traduccion de A. Lopez Rodrigo




#EL ARROYO#




CAPITULO PRIMERO

#La fuente#


La historia de un arroyo, hasta la del mas pequeno que nace y se pierde
entre el musgo, es la historia del infinito. Sus gotas centelleantes han
atravesado el granito, la roca calcarea y la arcilla; han sido nieve
sobre la cumbre del frio monte, molecula de vapor en la nube, blanca
espuma en las erizadas olas. El sol, en su carrera diaria, las ha hecho
resplandecer con hermosos reflejos; la palida luz de la luna las ha
irisado apenas perceptiblemente; el rayo la ha convertido en hidrogeno y
oxigeno, y luego, en un nuevo choque, ha hecho descender en forma de
lluvia sus elementos primitivos. Todos los agentes de la atmosfera y el
espacio y todas las fuerzas cosmicas, han trabajado en concierto para
modificar incesantemente el aspecto y la posicion de la imperceptible
gota; a su vez, ella misma es un mundo como los astros enormes que dan
vueltas por los cielos, y su orbita se desenvuelve de cielo en cielo
eternamente y sin reposo.

Toda nuestra imaginacion no basta para abarcar en su conjunto el
circuito de la gota y por eso nos limitamos a seguirla en su curso y su
caida, desde su aparicion en la fuente, hasta mezclarse con el agua del
caudaloso rio y el oceano inmenso. Como seres debiles, intentamos medir
la naturaleza con nuestra propia talla; cada uno de sus fenomenos se
resume para nosotros en un pequeno numero de impresiones que hemos
sentido. ?Que es el arroyo, sino el sitio hermoso y apacible donde hemos
visto correr el agua cristalina bajo la sombra de los alamos,
balancearse sus hierbas largas como serpentinas y temblar agitados los
juncos de sus islitas? La orilla florida donde gozabamos acostandonos al
sol, sonando en la libertad, el sendero tortuoso que bordea el margen y
que nosotros seguimos con paso lento contemplando el curso del agua, la
arista de la piedra desde la cual el agua unida en apretado haz se
precipita en cascada o se deshace en espuma; he ahi lo que en nuestro
recuerdo es el arroyo, casi con toda su infinita y compleja naturaleza,
puesto que lo restante se pierde en las obscuridades de lo inconcebible.

La fuente, el punto donde el chorro de agua, oculto hasta alli, se
manifiesta repentinamente, es el paraje encantador hacia el cual nos
sentimos invenciblemente atraidos; que esta parezca adormecida en un
prado como simple balsa entre los juncos, que salga a borbotones de la
arena arrastrando laminitas de cuarzo o de mica, que suben y bajan
arremolinandose en un torbellino sin fin, que brote modestamente entre
dos piedras, a la sombra discreta de los grandes arboles, o bien que
salga con estrepito de una abertura de la roca ?como no sentirse
fascinado por el agua que acaba de salir de la obscuridad y tan
alegremente refleja la luz? Gozando nosotros del espectaculo encantador
que el manantial nos ofrece, nos es facil comprender por que los arabes,
los espanoles, los campesinos de los Pirineos y otros muchos hombres de
todas las razas y de todos los climas han creido ver en las fuentes
"ojos" de seres encerrados en las tenebrosas entranas de las rocas, con
los cuales contemplan el espacio y la verdura. Libre de la carcel que la
aprisionaba, la ninfa alegre mira el cielo azul, los arboles, las
hierbas, las canas que se balancean; refleja la inmensa naturaleza en el
hermoso zafiro de sus aguas, y, sugestionados por sus limpidas miradas,
nos sentimos poseidos de misteriosa ternura.

La transparencia de las fuentes fue en todo tiempo el simbolo de la
pureza moral; en la poesia de todos los pueblos, la inocencia se compara
con el agua cristalina de las fuentes, y el recuerdo de esta imagen,
transmitido de siglo en siglo, se ha convertido para nosotros en
atractivo.

No cabe duda que esta agua se enturbiara mas lejos; pasara por rocas que
le dejaran materias impuras y arrastrara vegetales en putrefaccion; se
escurrira por sucias tierras y se cargara de inmundancias por los
animales y los hombres; pero aqui, en su balsa de piedra O en su cuna de
juncos, es tan pura, tan luminosa, que parece aire condensado: los
reflejos movibles de la superficie, los repentinos borbotones, los
circulos concentricos de sus rizos, los contornos indecisos y flotantes
de las piedras sumergidas, es lo unico que revela que ese fluido tan
claro, es agua lo mismo que los rios cenagosos. Inclinandonos sobre la
fuente y viendo en ella reflejada nuestra cara fatigada y con frecuencia
nada buena sobre su limpida superficie, no hay nadie que no repita
instintivamente, hasta sin haberlo aprendido, el antiguo canto que los
gueebros ensenaban a sus hijos:


Acercate a la flor, pero no la deshojes,
Mirala y di en voz baja: iOh, quien fuera tan bueno!

En fuente cristalina no arrojes nunca piedras;
Contemplala y exclama: iOh, quien fuera tan puro!


iQue hermosas son esas cabezas de nayade con la cabellera coronada de
hojas y flores que los artistas helenicos han burilado en sus medallas y
esas estatuas de ninfas que han elevado sobre las columnatas y los
templos! iCuan encantadoras son esas imagenes ligeras y vaporosas que
Goujon ha sabido, no obstante, fijar para los siglos en el marmol de sus
fuentes! Cuan graciosa y alegre no es esa fuente que el viejo Ingres ha
casi esculpido con su pincel! Nada parece ser tan fugitivo, tan
indeciso como el agua corriente vista entre juncos; es cosa de
preguntarse como una mano humana puede atreverse a simular la fuente,
con sus rasgos precisos, en el marmol o la tela; pero pintor o escultor,
el artista no tiene mas que mirar esta agua transparente, dejarse
seducir por el sentimiento que le invade, para ver que aparece ante su
vista la imagen graciosa y de redondeces abultadas y hermosas. Hela ahi,
bella y desnuda, sonriendo a la vida, fresca como la onda en la que su
pie se bana; es joven y no envejecera jamas; aunque las generaciones
pasen rapidas ante ella, sus formas seran siempre igualmente suaves, su
mirada igualmente pura, y el agua que se extiende como perlas en su urna
encantada, brillara siempre al sol con iguales resplandores. iQue
importa que la ninfa inocente, desconocedora de las miserias de la vida,
no tenga en su cabeza un torbellino de ideas! Feliz ella, no suena en
nada; pero su dulce mirada nos hace sonar a nosotros y, a su vista, nos
prometemos ser sinceros y buenos hasta ser su igual, y su virtud nos
fortalece contra el mundo odioso del vicio y la calumnia.

La leyenda romana nos dice que Numa Pompilio tenia como consejera a la
ninfa Egeria. Penetraba solo en el interior de los bosques, bajo la
sombra misteriosa de las encinas; se aproximaba confiadamente a la gruta
sagrada y con su sola presencia, al agua pura de la cascada, con su
ropaje bordado de espuma y el flotante velo de vapor, irisado, adquiria
la forma de una mujer hermosa y le sonreia con amor. Numa, el misero
mortal, la hablaba como a su igual, y la ninfa le contestaba con voz
cristalina, a la que se mezclaban como un coro lejano el murmullo del
follaje y los ruidos del bosque. El legislador aprendio alli su
sabiduria. Ningun anciano con su barba blanca hubiera pronunciado
palabras tan juiciosas como las que salian de los labios de la ninfa,
inmortal y eternamente joven.

?Que nos dice esta leyenda, sino que solo la naturaleza y no la baraunda
de las multitudes puede iniciarnos en la verdad? ?que para iniciarse en
los misterios de la ciencia es preciso retirarse a la soledad y
desarrollar su inteligencia por la reflexion? Numa Pompilio, Egeria, no
son mas que nombres simbolicos que resumen todo un periodo de la
historia del pueblo romano, lo mismo que la de toda sociedad naciente: a
las ninfas, o, por mejor decir, a las fuentes; a los bosques, a los
montes deben los hombres la inspiracion de sus costumbres y sus leyes en
el origen de la civilizacion. Y aun cuando fuera cierto que la discreta
naturaleza hubiera dado asi consejos a los legisladores, transformados
bien pronto en opresores de la humanidad, icuanto bien no ha hecho sobre
ella en favor de los que sufren en la tierra, para darles energia,
consolarlos en las horas de desgracia y fortalecerlos para la gran
batalla de la vida! Si los oprimidos no hubieren tenido donde templar
las energias y crearse un alma fuerte contemplando la tierra y sus
grandes paisajes, la iniciativa y la audacia hubieran muerto ha muchos
siglos. Todas las cabezas se hubieran inclinado ante unos cuantos
despotas y todas las inteligencias hubieran caido en una indestructible
red de sutilezas y mentiras.

En nuestras universidades e institutos, muchos profesores, sin saber lo
que hacen o creyendo hacer bien, intentan disminuir el valor de la
juventud educando la fuerza y la originalidad segun sus propias ideas,
imponiendo a todos la misma disciplina y mediocridad. Existe una tribu
de pieles rojas en la que las madres intentan hacer hijos para
consejeros y para la guerra haciendoles inclinar la cabeza hacia
adelante o hacia atras por medio de solidos instrumentos de madera y
vendajes apropiados; lo mismo que esta tribu existen pedagogos que se
consagran a la obra funesta de fabricar cabezas de funcionario y otros
cargos, lo cual consiguen, desgraciadamente, con harta frecuencia. Pero
pasan los diez meses de cadena, los diez largos meses de estudios, y
llegan los dias felices de vacaciones: la juventud adquiere su libertad;
vuelve al campo, ve nuevamente los alamos del prado, los arboles del
bosque, y la fuente sobre cuyas aguas flotan ya las primeras hojas
amarillas que el otono marchita; llenan sus pulmones con el aire puro de
la campina, renuevan su sangre, fortalecen un cuerpo y todos los
aburrimientos de la escuela seran insuficientes para hacer que
desaparezcan del cerebro los recuerdos de la naturaleza libre. Que el
colegial salido de la carcel, esceptico y extenuado, se aficione a
seguir el tortuoso sendero que bordea al arroyo, que contemple los
remolinos de las aguas, que separe las hojas o levante las piedras para
ver salir el agua de los pequenos manantiales, y este ejercicio le hara
muy pronto sencillo de corazon, jovial y candido.

Y lo mismo que sucede a los jovenes sucede a los pueblos en su
adolescencia. A miles, los sacerdotes y directores de las naciones,
perfidos o llenos de buenas intenciones, se han armado del latigo y la
mordaza, o bien, con mayor habilidad se han limitado a hacer repetir en
todos los siglos las ideas de obediencia con objeto de matar las
voluntades y envilecer los espiritus; pero, afortunadamente, todos esos
_pastores_ que han querido esclavizar al hombre por el terror, la
ignorancia o la aplastante rutina, no han conseguido crear un mundo a su
imagen, no han podido hacer de la naturaleza un gran jardin de olorosos
naranjos, con arboles retorcidos en forma de monstruos y de enanos, con
valles cortados como figuras geometricas y rocas talladas a la ultima
moda. La tierra, por la magnificencia de sus horizontes, las frescuras
de sus bosques y la pureza de sus fuentes, ha sido y continua siendo la
gran educadora y no ha cesado de llamar a las naciones a la armonia y a
la conquista de la libertad. Tal monte cuyas nieves y hielos aparecen
en pleno cielo por encima de las nubes, tal bosque en el que el viento
ruge, o tal riachuelo que corre susurrante por prados y valles, han
hecho con frecuencia mucho mas que formidables ejercitos por la libertad
de un pueblo. Asi lo sintieron los antiguos vascos, nobles descendientes
de los iberos, nuestros abuelos: por el anhelo de libertad y altiva
valentia, construian sus residencias al borde de las fuentes, a la
sombra de los grandes arboles, y mas aun que su fiereza, el amor a la
naturaleza aseguro durante siglos su independencia.

Nuestros otros antepasados, los arios de Asia, adoraban las aguas
corrientes, y desde el origen de las edades historicas, fueron objeto de
un culto verdadero. Vivian en la salida de los hermosos valles que
descendian de Palmira, el "techo del mundo", sabian utilizar todos los
torrentes de agua clara dividiendolos en numerosos canales,
transformando asi en fertiles huertas sus aridas tierras, y si invocaban
a las fuentes, si las ofrecian sacrificios, no era solo porque el agua
fertilizaba sus campos y hacia crecer sus arboles y calmaba la sed de
ellos y sus ganados, sino tambien, segun decian, porque el agua purifica
a los hombres, equilibra las pasiones y calma los "deseos desmedidos".
El agua era quien les evitaba los odios y furias insensatos de sus
vecinos, los semitas del desierto, y ella era quien les habia salvado de
la vida errante fecundando sus campos y alimentando sus cultivos; a ella
debian el haber podido fijar la primera piedra del hogar, y luego, la
poblacion y la ciudad, ensanchando asi el circulo de sus sentimientos y
sus ideas. Sus hijos, los helenos, comprendieron la importancia del agua
y su influencia decisiva en el origen de las sociedades, segun mas tarde
demostraron construyendo un templo y levantando la estatua de un dios al
borde de cada una de sus fuentes.

Hasta entre nosotros, ultimos descendientes de los arios, subsiste en
algunos puntos un resto de la antigua adoracion a las fuentes. Despues
de la muerte de los antiguos dioses y la destruccion de sus templos, los
pueblos cristianos continuaron en muchas partes venerando el agua de los
manantiales: asi en el nacimiento del Cefiso en Beocia, se ve una al
lado de otra, las ruinas de dos ninfeos griegos con sus elegantes
columnas y la pesada arquitectura de una capilla de la Edad Media. En la
Europa occidental algunas iglesias y conventos han sido construidos en
la orilla de las fuentes; pero en muchos mas puntos aun, los sitios
encantadores en donde alegremente salen del suelo las aguas cristalinas,
han sido maldecidos como parajes frecuentados por demonios. Durante los
dolorosos siglos de la Edad Media, el temor transformo los hombres, y
este sentimiento funesto les hizo ver caras gesticulantes y ridiculas,
en donde nuestros antepasados sorprendieron la sonrisa de los dioses,
transformando en antesala del infierno la alegre tierra que para los
helenos fue la base del Olimpo. Los negros sacerdotes, comprendiendo
por instinto que la libertad podria renacer del amor a la naturaleza,
habian entregado la tierra a los genios infernales; habian puesto los
demonios y los fantasmas en el mismo punto que antes ocupaban los
driadas y las fuentes donde en otro tiempo se banaban las ninfas. Al
nacimiento de las aguas acudian los espectros de los muertos para unir
sus sollozos con los quejidos lastimeros de los arboles y el murmullo
del agua al chocar con las piedras; era tambien el punto de reunion de
las bestias salvajes, en donde por las noches el siniestro duende se
emboscaba detras de una brena para lanzarse de un salto sobre los
caminantes y convertirlos en cabalgadura suya. En Francia, como en
Espana icuantas "fuentes del diablo" y "bocas de infierno" existen, no
frecuentadas por los campesinos supersticiosos, y teniendo unicamente de
infernal, sin embargo, esas fuentes temidas y esos antros subterraneos,
la majestad salvaje del lugar o la azul profundidad de sus aguas!

En adelante, a todos los hombres que aman a la vez la poesia y la
ciencia, a todos los que deben trabajar de comun acuerdo para el
bienestar general, corresponde el deber de levantar la maldicion
arrojada sobre las fecundas y encantadoras fuentes por los sacerdotes de
la Edad Media. No adoraremos, es cierto, como nuestros antepasados,
arios, semitas o iberos, el agua transparente que sale a borbotones del
suelo; para manifestar nuestro agradecimiento por la vida y las
riquezas que produce a las sociedades, no lo construiremos ningun
ninfeo, no le dedicaremos ninguna libacion solemne, pero en honor de la
fuente haremos mas que todo eso. Estudiaremos en sus aguas, en su
espuma, en la arena que arrastra, en las tierras que disuelve y, a pesar
de las tinieblas, remontaremos el curso subterraneo hasta la primera
gota que la roca transpira; a la luz del dia la seguiremos de cascada en
cascada, de curva en curva, hasta llegar al inmensa deposito del mar a
donde va a confundirse, y conoceremos con exactitud el papel importante
que desempena en la historia del planeta. Al mismo tiempo, aprenderemos
a utilizarla de un modo completo en el riego de nuestros campos,
convirtiendola en una de nuestras riquezas, poniendola al servicio comun
de la humanidad, en vez de dejarla arrasar los cultivos o perderse en
pestilentes pantanos. Cuando hayamos, en fin, comprendido a la fuente
con exacta perfeccion, entonces sera nuestra fiel asociada en la obra de
embellecimiento del globo; entonces apreciaremos practicamente su
encanto y su belleza, y nuestras miradas no seran ya de infantil
admiracion. El agua, como la tierra que vivifica, nos parecera cada dia
mas hermosa en cuanto se haya purificado, no sin pena, de su larga
maldicion. Las tradiciones de nuestros antepasados, los ciudadanos
helenicos, que miraban con tanto amor el perfil de los montes, el
nacimiento de las aguas y el contorno accidentado de las orillas del
arroyo, han sido vueltas a la vida por nuestros artistas para la tierra
entera como para la fuente, y gracias a esta resurreccion la humanidad
florece de nuevo en su juventud y su alegria.

Cuando empezo el renacimiento de los pueblos europeos, un mito extrano
se propago entre los hombres. Se contaba que lejos, muy lejos, mas alla
de los limites del mundo conocido, existia una fuente maravillosa, que
reunia las virtudes de todas las demas fuentes; no solo curaba los males
sino que rejuvenecia y daba la inmortalidad. El vulgo creyo esta fabula
y se puso a buscar la "Fuente de la Juventud," esperando encontrarla, no
en la entrada de los infiernos, como la laguna Estigia, sino al
contrario, en un paraiso terrestre, en medio de flores y verdura, bajo
una primavera eterna. Despues del descubrimiento del Nuevo Mundo, los
soldados espanoles, a millares, se aventuraban con heroismo inusitado en
medio de tierras desconocidas, a traves de los bosques, pantanos,
barrancos y montes, y en regiones pobladas de enemigos; iban siempre
adelante, y cada una de sus etapas se marcaba con la muerte de muchos de
ellos; pero los que quedaban avanzaban sin detenerse, esperando hallar
al fin, en recompensa de sus esfuerzos, esa agua maravillosa cuyo
contacto les haria vencer a la muerte. Aun hoy, segun se dice, los
pescadores descendientes de los primeros conquistadores espanoles dan
vueltas alrededor de las islas del estrecho de las Bahamas, con la
esperanza de ver en alguna playa salir a borbotones la maravillosa agua.

?Y a que es debido el que hombres, gozando despues, de todo de un
excelente buen sentido y gran fuerza de voluntad, buscaran con tanta
pasion la fuente divina que debia renovar sus cuerpos y se exponian
alegremente a todos los peligros con la esperanza de encontrarla?
Consiste en que nada les parecia imposible a los que habian visto
realizarse las maravillas del Renacimiento. En Italia, los sabios habian
sabido resucitar el mundo griego con sus pensadores y artistas; en la
brumosa Alemania los magos de la verdad habian descubierto la maravilla
de hacer grabar el metal y la madera; los libros se imprimian, y el
dominio infinito de las ciencias se abria asi a las masas del pueblo,
condenadas en otro tiempo a la obscuridad de la ignorancia; en fin, los
navegantes genoveses, venecianos, espanoles y portugueses habian hecho
surgir, como un segundo planeta unido al nuestro, un continente nuevo
con sus plantas, sus animales, sus pueblos y sus dioses. La inmensa
renovacion de las cosas habia embriagado los espiritus; solo lo posible
parecia quimerico. La Edad Media desaparecio en el abismo de los siglos
pasados, y, para los hombres empezaba una nueva era, mas libre y feliz.
Los que por el estudio se habian emancipado del error y las
supersticiones, comprendieron que la ciencia, el trabajo y la union
fraternal podian solo aumentar el poder de la humanidad y hacerla
triunfar definitivamente de la influencia del pasado; pero los soldados
groseros, heroes contra el buen sentido, iban buscando en el pasado
legendario esa gran era de renovacion que se abria precisamente por las
conquistas de la observacion y la negacion del milagro; tenian necesidad
de un simbolo material para creer en el progreso, y este simbolo era el
de la fuente, en donde los miembros del anciano recobraran la fuerza y
la belleza. La imagen que se presentaba naturalmente a su imaginacion
era la de la fuente, naciendo a la libertad del fondo tenebroso del
suelo y haciendo crecer en seguida sobre sus orillas frondosas las
plantas, las flores y la juventud.




CAPITULO II

#El agua del desierto#


Para comprender la importancia que han tenido los manantiales y los
arroyos en la vida de las sociedades, es preciso transportarse, aunque
solo sea con el pensamiento, a los paises donde la tierra avara no deja
brotar mas que muy raras fuentes. Acostados blanda y comodamente sobre
la hierba de nuestros prados, cerca del agua que se escapa a borbotones,
es muy facil abandonarnos a la voluptuosidad de vivir, contentandonos
solo con los encantadores horizontes de nuestro clima; pero dejemos
nuestro espiritu vagar bastante mas alla de los limites donde alcanza
nuestra mirada. Viajemos a capricho lejos de las matas gramineas que se
balancean a nuestro lado a la otra parte de los alamos que hacen sombra
a la fuente, y de los surcos que rayan la falda de la colina; mas alla
todavia de las ondulaciones vaporosas de las crestas que marcan las
fronteras del valle y de los blancos jirones de nubes que festonean el
horizonte. Sigamos en su vuelo, al otro lado de los montes y los mares,
al pajaro que se marcha hacia otros continentes. La frente refleja un
instante su rapida imagen pero bien pronto desaparece en el espacio.

Aqui, en nuestros ricos valles de la Europa occidental, el agua corre en
abundancia; las plantas bien regadas, se desarrollan con toda su
belleza; las ramas de los arboles, con su corteza lisa y tierna, estan
rebosando savia; el aire tibio esta cargado de vapores. Por influencia
del contraste, es natural pensar en otras comarcas menos felices, en las
que la atmosfera no produce lluvia, y el suelo, demasiado arido, da vida
raquitica a una insignificante vegetacion. En esas regiones es donde las
gentes saben apreciar el agua en su justo valor. En el interior del
Asia, en la Peninsula arabiga, en el Sahara y el desierto del Africa
Central, en las llanuras del Nuevo Mundo, y hasta en ciertas regiones de
Espana, cada fuente es algo mas que el simbolo de la vida; es la vida
misma: que el agua sea abundante y la prosperidad del pais se
acrecentara; si la cantidad disminuye o desaparece completamente, los
pueblos se empobrecen o mueren: su historia es la del hilo de agua,
cerca del cual construyen sus cabanas.

Los orientales, cuando tienen ensuenos de felicidad, se ven siempre al
borde de un arroyuelo, y en sus cantos celebran, sobre todo, la belleza
de las fuentes. Mientras que en nuestra Europa, con bastante agua para
el desenvolvimiento de la vida, nos saludamos burguesamente
preguntandonos por la salud y los negocios, los gallos del Africa
oriental, se preguntan inclinandose. "?Has hallado agua?" En el
Indostan, al criado encargado de refrescar la morada rociando el piso,
le llaman el "paradisiaco".

En las costas del Peru y de Bolivia, donde el agua pura es muy rara,
miran frecuentemente con desesperacion la vasta extension de las ondas
saladas. La tierra arida tiene un color amarillo, el cielo es azul o de
un color de acero. Sucede a veces que una nube se forma en la atmosfera:
inmediatamente, las gentes se juntan para seguir con la mirada el
hermoso lienzo de vapor que se deshace en el espacio sin resolverse en
lluvia. No obstante, despues de meses y anos de espera, un feliz
movimiento del aire funde en agua a la nube sobre las arideces de la
costa. iQue alegria, ver caer el chaparron tanto tiempo esperado! Los
ninos salen de la casa para recibir la lluvia sobre sus cuerpos
desnudos y se banan en las charcas lanzando gritos de alegria; los
adultos esperan impacientes el final de la tormenta para salir al aire
libre y gozar del contacto con las moleculas humedas que flotan todavia
en la atmosfera. La lluvia que acaba de caer va a renacer por todas
partes, no en fuentes, sino cambiada por la maravillosa quimica del
suelo, en verdura, en flores y en aromas, para transformar durante
algunos dias el desierto arido en hermoso prado. Por desgracia, esas
hierbas se secan en muy pocas semanas, la tierra se calcina de nuevo, y
los habitantes, afligidos, se ven obligados a ir en busca del agua
necesaria, a las llanuras lejanas cubiertas de eflorescencias
salitrosas. El agua se deposita en grandes tinajas, y les gusta mirarse
en ella, lo mismo que en nuestros felices climas podemos hacer en el
magico espejo de nuestras fuentes.

El extranjero que se aventura por ciertos pueblos del alto Aragon,
construidos sobre las cumbres de los montes que sirven de base a los
Pirineos lo mismo que rocas a punto de rodar hasta el valle, se ve
sorprendido por la tierra roja que cimenta las piedras irregulares de
las miserables casuchas. Supone que la roja argamasa se ha amasado con
arena rojiza, pero no es asi; los constructores, avaros de su agua, han
preferido hacer el mortero con vino. La cosecha del ano anterior ha sido
buena, sus bodegas estan llenas de liquido, y si se quiere colocar la
nueva cosecha, no tiene otro recurso que vaciar una buena parte. Para ir
en busca del agua, muy lejos en el valle, al pie de las colinas, seria
necesario perder dias enteros y cargar numerosas caravanas de mulas. En
cuanto a servirse del agua que cae gota a gota por la hendidura de la
roca inmediata, es un sacrilegio en el cual nadie piensa. Esta agua, las
mujeres que van todos los dias a recogerla en sus cantaros, la conservan
con un amor religioso.

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